El Mundo. Viernes 5 de junio de 2009. Aunque hayan terminado por parecerlo, Oriente y Occidente no son conceptos culturales sino referencias geográficas relativas al comportamiento del Sol. Hace cinco mil años los egipcios tuvieron una intuición muy lúcida al ordenar su religión de acuerdo con la jerarquía solar que rige el funcionamiento de los planetas y que determina los movimientos de la Tierra. Al fundar su religión, los griegos trasladaron esa intuición cosmológica hacia la fisiología interior del hombre y por eso crearon una religión del mar, del vino, del poema y del amor erótico, que son como los grandes epicentros de la gravitación fisiológica de los seres humanos. Hasta los griegos la infraestructura intelectual de la religión era un sistema de cálculo. La actual religión de Occidente alteró esta situación al vincular la trascendencia a una apuesta especulativa que no cuenta con el respaldo de ningún sistema gravitatorio, porque nada en la naturaleza se concertaría por sus propios medios para agruparse en torno de la castidad, de la pobreza o del dolor. Cuál sería hoy nuestro grado de desarrollo científico si Occidente no hubiese tenido que destinar una parte tan importante de su energía intelectual al esfuerzo colosal de sostener la ficción de una mecánica gravitatoria inexistente es algo que no podemos determinar. Esta especie de disfunción cultural no es algo que haya cesado. Por ir al caso, cuando quedaban muy pocos años para que acabase el siglo XX, herederos de un fanatismo religioso que se remontaba al Génesis para explicar el origen del universo, un nutrido grupo de laboratorios intelectuales en Estados Unidos, muy pertrechados económicamente y alentados desde la administración, intentaron diseñar un siglo XXI cuya imagen se ha convertido hoy en el exponente más nítido del fracaso estratégico y moral. En esencia esta imagen se inspiraba en tres principios. Dios es nuestro aliado, la fuerza es un principio de legitimación y la guerra es la salud del estado. Adónde ha conducido la aplicación práctica de estos principios es un hecho suficientemente conocido. Algunos años después, en aquel delirio neocón sólo es posible identificar un acierto: el de que los discursos políticos, por muy populistas que sean, si aspiran a cobrar cuerpo y propagarse, requieren de la paternidad y el auxilio de los intelectuales. Todo lo demás ha sido un fracaso rotundo. Al modo inverso en que la teología de la liberación se incorporó al socialismo real, se unió Aznar con retraso y como discípulo menor, a aquella escuela de hombres que creyeron tener una visión olímpica del mundo y que finalmente no tuvieron ni la fuerza para triunfar ni mucho menos la renuncia generosa para triunfar al revés. El neoconservadurismo no sólo ha malogrado cientos de miles de vidas humanas. Además de ello ha sido derrotado en todas las guerras a que dio lugar, ha hundido electoralmente los propósitos de sus clases dirigentes y ha desembocado en el colapso financiero más importante que recuerden los economistas vivos. Para colmo, la figura más antagónica de aquellas pretensiones ideológicas ha sido un negro albino capaz de generar la apariencia global de haber traído consigo un nuevo solsticio para el conjunto de la humanidad. Que los conservadores aspiren hoy a liderar el futuro de Europa produce el mismo efecto que si los detractores de Galileo se presentasen a unas elecciones. Oriente y Occidente ya no son lo que eran, por mucho que el sol salga y se ponga en los días de equinoccio por el mismo punto cardinal del horizonte. Pero es deslumbrador, de puro evidente, que en tanto los conservadores no den con su específica tercera vía lo que hoy pueden ofrecer a Europa no son más que escombros y supersticiones.
Esta es la entrevista que publica en su edición de mayo le revista Valencia City.
El diario El País ha publicado hoy el artículo El Milagro Valenciano en Crisis. Es una reflexión en la que explico la relación que a mi modo de ver existe entre los mecanismos desencadenantes de la crisis global y el hundimiento del modelo económico del modelo regional valenciano.
No conozco en España a ninguna persona de izquierdas que considere que israelíes y palestinos no deberían sentarse a dialogar para intentar encontrar una solución a su inacabable conflicto. Desde una actitud progresista, las fotos que retratan a agentes de posiciones divergentes en actitud dialogante deberían ser siempre celebradas. Nadie se indignó porque Zapatero recibiese a Ibarretxe y se fotografiase con él poco antes de que su plan delirante fuese remitido a las Cortes. Todo el mundo entiende que el líder de un gobierno debe entrevistarse habitualmente con el lider de la oposición. El propio Presidente del Gobierno promovió una iniciativa para que los representantes de todas las tradiciones religiosas y culturales entrasen en diálogo. Por esta razón me ha sorprendido la reacción tan crítica de algunas personas en relación a la visita que el secretario general del PSPV ha hecho esta semana a Agustín García Gasco.
En ningún lugar consta que Alarte capitulase en alguna de nuestras posiciones fundamentales, ni que abjurase de las posturas aconfesionales que caracterizan al partido socialista. Por ningún lado se ha visto que la opinión respecto del aborto, la educación para la ciudadanía, el matrimonio o la adopción homosexual, hayan sido matizadas en lo más mínimo. La firmeza democrática de un partido se demuestra en el mantenimiento de sus posiciones, no en la negativa a dialogar con quiénes sostienen opiniones contrarias a ellas.
Los elementos moderados de cualquier religión, iglesia, ideología, partido u organización suelen encontrarse más cerca los unos de los otros que los elementos radicales y los moderados dentro de cada una de ellas. Este es un hecho que los partidos que representan opciones de poder no pueden obviar, porque los elementos más transversales de la sociedad y de las diversas ideologías que conviven en ellas son la base sobre la que se estructura la convivencia.
Mis distancias intelectuales respecto de la Iglesia Católica y el resto de religiones organizadas son abismales. Mi enfoque de las cuestiones éticas y morales difiere de un modo muy sustancial al que de ellas hace el pensamiento religioso. Pero la actitud de diálogo, desde la defensa respetuosa de lo que se defiende y lo que se piensa, sigue siendo la esencia de la democracia.
El pasado domingo fue el veterano periodista y exdirector de ABC quién se refirió al artículo Ganar la Calle en un artículo publicado por el diario Las Provincias que llevaba por título Alarte o el imposible cambio en el PSPV. Este domingo ha sido J.J. Pérez Benlloch quién desde las páginas de El País se ha referido a mi artículo de principios de noviembre que también publiqué en el blog. El artículo de Pérez Benlloch se titula Alartismo.
Hoy he publicado este artículo en el El País.
El clima es un elemento muy determinante de las decisiones que toma una persona a lo largo de su vida. Las razones climáticas tienen un peso notable en la gente al decidir dónde vive y qué hacer cada día. Y también el clima tiene el poder de decantar el carácter y el estado de ánimo. El hombre, decía Josep Pla, es un animal climático.
Con gran sabiduría el lenguaje ha rebasado la noción original del clima. Por eso no sólo hay un clima atmosférico, existe también un clima cultural, ideológico y un clima político, por supuesto.
Si un partido se convierte en una máquina de ganar elecciones eso significa que está muy bien aclimatado, que de algún modo flota en el ambiente copando las percepciones climáticas de una sociedad.
Lo contrario también sucede a veces. Puede darse el caso de que un partido no pueda o no quiera entender el clima del país. Esto sucede por ejemplo en Cataluña, donde el Partido Popular lleva toda la vida intentando ganar unas elecciones haciendo pedagogía sobre su idea de una España integradora y solidaria.
Hasta el pasado mes de mayo algo parecido debía pasar también en Toulouse, porque sino no se explica que la izquierda tardase treinta y siete años en recuperar la alcaldía. Treinta y siete, sí.
Esta relación para con el clima es un poco descriptiva del proceso precongresual en que está inmerso el PSPV. Si queremos ganar, los socialistas tenemos que determinar cómo vamos a dejar atrás esta crisis climática que amenaza con extinguir la posibilidad de una alternancia progresista en las instituciones valencianas.
En el PSPV existen al menos tres posiciones con respecto al clima. La primera tiene el grave inconveniente de continuar viviendo en la expectativa de que el clima volverá a ser como algunos lo conocieron un día. Esta actitud es el germen histórico de la decadencia y se basa en una nostalgia de la que ningún ser humano es capaz de desprenderse: la de una plenitud anterior.
Hay otra posición que no se funda en la nostalgia sino en el voluntarismo. Es la de quiénes creen que ellos podrán diseñar el clima y darle una proporción adecuada a las necesidades de sus consignas. Uno se los imagina cantando bajo la lluvia esperando a que los ciudadanos comprendan de una vez la situación y acaben uniéndose a ellos.
La tercera posición es la de Jorge Alarte que, como demuestra en cada una de sus palabras y de sus actos, parte de una conciencia plena del cambio climático experimentado por esta sociedad. Alarte sabe distinguir muy bien el día que hace del que le gustaría que hiciese y éste es un requisito muy básico para desenvolverse en las funciones más corrientes de la vida.
Tiene otro activo nada despreciable y es su convicción de que la política no sólo aspira a preservar posiciones éticas, sino que además de ello debe conquistar objetivos estratégicos. No le basta el puritanismo de conformarse con ser bueno, tiene el saludable instinto pagano de querer ser mejor.
Un líder antipragmático, voluntarista y sin ambición es lo que yo le deseo a la derecha todas las noches. Lo primero para luchar contra el cambio climático es empezar por reconocerlo y luego actuar contra él de manera científica, inteligente y enérgica. Con la voluntad siempre puesta en el propósito más elevado: el de legar a los demás un futuro mejor. Lo contrario va a conducir a la izquierda a una irreparable catástrofe.
No hace falta que te lo diga Jorge, a mí me has convencido.
El diario El País me ha publicado hoy un artículo que lleva por título El Original y la Copia. Es una hipótesis de trabajo político en lo que se refiere a la búsqueda de elementos claros de diferenciación respecto del Partido Popular de la Comunidad Valenciana.
Acaba de finalizar la sesión inaugural del congreso que ha dado comienzo con la elección de la mesa que presidirá finalemente Emilio Muñoz. El primer acto de la jornada ha sido un emotivo homenaje a Max Aub que padeció las terribles consecuencias del exilio y al que se le ha entregado el carnet del PSOE a título póstumo, que ha sido recogido por su hija. El homenaje ha sido precedido por una breve introducción de Joan Lerma que no ha introducido ningún elemento imprevisible en su alocución y que ha tenido un carácter muy institucional como presidente de la gestora, lo cual es de agradecer. Alarte no ha dado abasto para tanto objetivo en su entrada al Palacio. También ha sido evidente que en su entorno se ha generado el clima más espectacular de todos los demás candidatos, cuya presencia ha tenido un carácter algo más discreto. La entrada de Joan Ignasi Pla ha sido recibida con entusiasmo por el auditorio y se ha parado numerosas veces a abrazar a mucha gente que deseaba mostrarle su afecto. Y Carmen Alborch conserva intacta su popularidad, desde luego. Recuenco ha arremetido, con oportunidad y coherencia, contra la incoherencia intervencionista en que acaba de caer la política estadounidense y el Secretario de Juventudes Socialistas, que derrochaba energía, ha dicho que los congresos del PSOE son siempre aguardados con ilusión por la ciudadanía porque siempre redundan en una ampliación de sus derechos. Posteriormente se ha presentado una única propuesta para la comisión de listas y se ha votado por unanimidad, como en el caso de la mesa. La sesión se ha interrumpido hasta las 16.30.


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